Justo la semana pasada hablaba con una de mis mejores amigas sobre lo difícil que es, a veces, escribir. Puede que a ti, que estás al otro lado de la pantalla, te parezca que coger papel y boli (eso para mí, que soy una clásica) o un ordenador y poner más de dos palabras seguidas es lo más simple del mundo, pero no siempre funciona así. Hay días en los que te sientas a conciencia y maldices a tu cabeza por no ser capaz de hilar ni una sola frase y, en cambio, hay otros en los que te sientes capaz de reescribir El Quijote sin levantar las manos del teclado (vale, igual esto es un poco exagerado).

El motivo por el que esto ocurre es simple y se resume en una sencilla (y, a veces, maldita) palabra: creatividad. Esa que a los que nos dedicamos a esto nos gusta tanto oír por la connotación bohemia y artística que se le suele dar, pero que otras veces nos bloquea sin más solución que cerrar el chiringuito hasta el próximo intento.

El caso es que últimamente he pensado mucho en este término, no solo porque vivo (o intento vivir) de él, sino también porque hace siete días descubrí que alguien plagió una entrada que escribí con mucha ilusión hace dos años (puedes verla en el blog de Travel and Exchange), sin ningún miramiento. Con lo feo que está buscar la creatividad que a ti te falta en otros… Y, sobre todo, si puedes dedicarte a algo que realmente se te dé bien (como hacer macramé, qué sé yo), ¿por qué te empeñas en escribir un blog?

Pero volviendo al tema que me ocupa, esto me hizo replantearme lo importante que es tener la creatividad a mano, cuando la necesitas y, sobre todo, ser capaz de encontrarla en cosas que te inspiren. Y como este año está siendo parte de un gran proceso de descubrimiento y estoy siendo capaz de definir las cosas que me motivan a escribir o a hacer fotografías bonitas, por ejemplo, en esta entrada quiero compartirlas contigo, por si te ayudan. Así que si tú también quieres tener más desarrollada la capacidad de crear que la de copiar y, de vez en cuando, también pierdes de vista a las musas, sigue leyendo.

1. Viajar

Indudablemente, tengo que poner mi afición/pasión por viajar en el primer puesto porque es lo que más me ayuda a desarrollar mi creatividad. Conocer nuevos lugares, nueva gente, tener nuevos estímulos para los sentidos… Y, sobre todo, algo que mucha gente odia y que a mí, en cambio, me encanta y espabila a mis neuronas a partes iguales: las horas muertas en autobuses, trenes o cualquier medio de transporte que me dé la posibilidad de mirar por la ventana. Estos momentos siempre hacen que mi mente esté más receptiva y con ganas de crear algo nuevo.

Aviso a navegantes: si alguna vez viajas conmigo, no te ofendas si dejo de hablarte durante horas en el trayecto, seguramente me haya metido en mi mundo y tarde en volver. Es eso o que me haya dormido, ¡¡que también pasa muy a menudo!! 🙂

2. Vivir y sentir

No hay mejor forma de escribir sobre cualquier tema que desde la experiencia. Cuando has vivido algo en tus carnes y los has sentido con el corazón, es cuando realmente puedes contarlo. Es como cuando escribía sobre viajes desde una silla en una oficina. ¿Cómo voy a explicar lo que se siente al ver tal o cual lugar o probar esa comida, si no lo he experimentado? Ya te avanzo que no es que sea imposible, ¡es que no tiene nada que ver!

3. Hacer cualquier cosa que suponga no estar en una oficina

El punto anterior me lleva a este. Si estás en una oficina y quieres sentirte creativo: ¡¡sal de ella!! No quiero que esto parezca una llamada a que te levantes de tu silla y dejes el trabajo, ¿eh? ¡Para nada! No me gustaría tener a miles de jefes enfadados ahora mismo. Me refiero a que busques un ratito para sentarte al sol, o frente al mar, o en un parque, o en la montaña, o frente a.. [completa la frase con cualquier escenario que te resulte inspirador]. No creo que la pantalla de tu ordenador cumpla esos requisitos, ni tampoco el clima oficinista. Ya verás como cuando vuelvas a sentarte, todo sale solo.

4. Rodearse de gente distinta, gente con la que todo fluya

No hay nada como sentir que alguien te da energía positiva. Y sí, créeme, eso se siente. Hay gente a la que te acercas y notas cómo tu cuerpo te anuncia una claro: «la batería se está agotando». En cambio, hay otras con las que sientes que hablar te da un chute que no encuentras de otra forma. A mí me pasa, por ejemplo, con mi profesora de meditación, MªLuz, o con otra meditadora, Marita. También con algunos amigos y amigas. Y con todos ellos, muchas veces, ni siquiera necesito hablar, me basta con tenerlos cerca o saber de ellos.

De hecho (supongo que a ti también te habrá pasado) en muchas ocasiones hay gente a la que acabo de conocer o con la que coincido durante un breve periodo de tiempo y ya siento esa conexión. Y me inspiran, no puedo explicarlo de otra forma.

Y de la misma manera, con las personas con las que me pasa todo lo contrario no puedo hacer más que intentar evitarlas. Sí, esas a las que todos conocemos como «gente tóxica».

5. Escribir y reescribir

Aunque creas que lo que estás escribiendo no tiene sentido, ¡hazlo! A mí me ayuda mucho llevar siempre una libreta a mano y escribir lo que sea que se me pase por la cabeza. A veces son historias absurdas que quedan en nada, pero otras son solo la semilla que acabará germinando en algo. También porque me gusta recordar cómo me sentí en ese preciso momento y eso es algo que no va a volver a ocurrir. Al menos, no en las mismas circunstancias.

6. Conseguir una libreta bonita y práctica

Como he comentado en el punto anterior, siempre intento llevar una libreta encima (siendo sincera, no solo es porque me guste escribir, también es porque soy adicta a ellas y cada vez que veo una bonita tengo que comprarla). El ejemplo más reciente es la que mis compis de Global Exchange me regalaron antes de venirme a Bulgaria: la Moleskine Voyageur. No me he separado de ella en ninguno de mis viajes y no hay nada que no quiera escribir en sus hojas porque me resulta cómoda y útil a a la vez (nunca pensé que diría esto de una Moleskine, la verdad, porque hasta que me la regalaron me parecía puro postureo). 

Eso sí, se me está acabando, por si a alguien se le enciende alguna bombilla (ejem, ejem…).

7. Encontrar tu lugar

No todos valemos para lo mismo. Esto es así. Si yo intento diseñar algo, me va a salir un churro porque no se me da bien (se me da fatal, de hecho). Y no hablemos de intentar hacerme una chaqueta. Pues tampoco. Por eso es importante que seamos conscientes de nuestros límites y de cuáles son nuestros puntos fuertes.

La parte bonita de esto es que una vez que los tengamos claros, si luchamos por ellos y nos esforzamos -es poco probable que nadie te regale nada-, ¡las cosas salen solas!

«Estar en tu elemento significa que haces algo que comprendes de manera natural, pero estar en tu elemento es más que eso […] La clave es la pasión», Ken Robinson.

8. Límites a la creatividad, ¡prohibidos!

Si de algo me he dado cuenta desde que empecé mi Servicio de Voluntariado Europeo y doy presentaciones y talleres sobre derechos humanos en colegios, es de que no hay nada peor que impedir a alguien ser creativo, sobre todo cuando es un niño o un adolescente. Ahora me explico.

He estado en centros educativos en los que he pedido a los alumnos que creasen un mundo imaginario pintando o inventando todo lo que quisiesen y el resultado fue asombroso (puedes verlo en el vídeo que compartí en este blog). En cambio, he estado en otros en los que se hace hincapié en que los estudiantes hablen cuantos más idiomas mejor, sean serios, estudien mucho… y les pides que se muevan, pinten, dibujen, se tiren al suelo… ¡y no saben! No, no saben, y creo que tampoco sabes lo triste que me pareció. Si con edades entre 14 y 18 años no son capaces de dar rienda a su creatividad y espontaneidad, ¿cómo lo van a hacer cuando sean adultos?

Por eso, quiero cerrar esta entrada con un episodio del programa Redes que me parece muy oportuno y te recomiendo que veas completo: Todos tenemos la capacidad de ser creativos. Y de la casi media hora que dura, me quedo con una parte de lo que dice Ken Robinson: «Estar en tu elemento significa que haces algo que comprendes de manera natural, para lo que tienes aptitudes, pero estar en tu elemento es más que eso […] La clave es la pasión. Para estar en tu elemento tiene que encantarte lo que haces».

Y a ti, si ya has encontrado tu pasión, ¿qué cosas te ayudan a ser más creativo/a?